ACADEMIA DE FISIOTERAPIA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA

ILMO.SR. DR.

LA FISIOTERAPIA EN ATENCIÓN PRIMARIA Y COMUNITARIA

Dra. María José Llàcer Bosch

Leídos el 6 de noviembre de 2025

VALENCIA

Excelentísimas autoridades, miembros de la Academia, compañeros, familia:

Es para mí un honor dirigirme hoy a ustedes en este acto de ingreso.

He querido centrar mi intervención en un tema que considero esencial para el presente y el futuro de nuestra profesión: la fisioterapia en Atención Primaria y Comunitaria.

En 1978, la Conferencia Internacional de Alma-Ata proclamó la meta de “Salud para todos”, basada en la equidad, la participación y la atención primaria. Unos años antes, el Informe canadiense Lalonde ya había advertido que la salud no depende solo de la biología o de la asistencia sanitaria, sino también de las condiciones en las que nacemos, crecemos, trabajamos y envejecemos.

Ambos hitos marcaron un cambio profundo en la manera de entender la salud: no basta con tratar enfermedades; hay que actuar sobre las causas que las generan. Así nació el concepto de salutogénesis, como: la búsqueda de los factores que promueven la salud y el bienestar.

Hoy, casi medio siglo después de Alma-Ata, sigue siendo necesario preguntarnos:

¿Dónde está ese compromiso en la fisioterapia de Atención Primaria y Comunitaria?

Para comprender nuestro presente, conviene mirar atrás.

En 1984 se configuró el nuevo modelo asistencial con la creación de los centros de salud y los equipos de atención primaria. Dos años más tarde, la Ley General de Sanidad consolidó ese modelo estableciendo los dos niveles asistenciales que hoy conocemos: Atención Primaria y Atención Hospitalaria.

En la Comunidad Valenciana, la integración de la fisioterapia en este modelo tuvo un recorrido particular. En 1990 se incorporaron los primeros fisioterapeutas en las llamadas Unidades Básicas de Rehabilitación, dependientes funcionalmente del servicio de rehabilitación hospitalario.

Aquel modelo permitió abrir camino, pero también generó una fisioterapia periférica, subordinada y demasiado centrada en la demanda asistencial.

Durante años, la inercia del sistema —más asistencial que preventivo, más pasivo que educativo— nos alejó del espíritu de la Atención Primaria.

Hoy, pese a los avances logrados y al crecimiento del número de profesionales, seguimos enfrentando un desequilibrio importante: una población cada vez más envejecida y con mayor carga de enfermedades crónicas, y un número aún insuficiente de fisioterapeutas en los equipos de salud.

Necesitamos dar un paso más: pasar de la camilla al movimiento, del tratamiento individual a la acción colectiva, de la atención centrada en la enfermedad a una fisioterapia promotora de salud.

En los últimos años, el sistema sanitario se enfrenta a un reto mayúsculo: responder a las necesidades de una población cada vez más diversa, envejecida y con un número creciente de enfermedades crónicas. Este escenario pone de manifiesto que los problemas de salud no pueden seguir abordándose de la misma manera que hasta ahora.

La salud, entendida en su sentido más amplio, requiere una mirada conjunta y un trabajo en equipo con un objetivo común: mejorar la vida de las personas. El trabajo interdisciplinar[1]  no es una opción, sino una necesidad. Supone reconocer que cada profesional aporta un conocimiento específico, complementario al del resto, y que la suma de esas perspectivas genera una atención más holística, eficaz y humana.

Los diferentes profesionales sanitarios conforman un entramado de saberes que, cuando se comunican y coordinan, logran resultados mucho más satisfactorios tanto para las personas atendidas como para el propio sistema.

Pero para que este trabajo en equipo sea real, no basta con compartir espacios o historias clínicas. Requiere desarrollar otras habilidades: saber escuchar activamente, comunicarse con claridad y respeto, ponerse en el lugar del otro —tanto del paciente como del compañero— y actuar con empatía y humanidad. Las técnicas y el conocimiento científico son esenciales, pero sin estas competencias transversales nuestro trabajo se vuelve incompleto. Escuchar de verdad, adaptar el lenguaje a cada persona, atender sus emociones y circunstancias sociales son gestos que marcan la diferencia entre una atención correcta y una atención verdaderamente centrada en la persona.

Durante décadas, el modelo sanitario ha estado dominado por una visión paternalista y patogénica, centrada en la enfermedad y en la figura del profesional como experto que “cura” a un paciente pasivo. Este modelo, además de ineficiente y costoso, ha demostrado ser insuficiente para los desafíos actuales. Hoy sabemos que la salud no depende solo de la ausencia de enfermedad, sino también de factores psicológicos, sociales y ambientales. De ahí surge el modelo biopsicosocial, que considera al ser humano en su totalidad y sitúa a la persona en el centro del proceso.

Es aquí donde los profesionales sanitarios debemos hacer una profunda reflexión, incluso pedir perdón a la sociedad por haber alimentado durante demasiado tiempo un modelo que ha fomentado la dependencia y la pasividad. En ese proceso, muchas personas han perdido las habilidades más básicas para cuidar de su salud y la de los suyos. Nos toca ahora enmendar ese error y dedicar esfuerzos a la pedagogía sanitaria, ayudando a la ciudadanía a recuperar las destrezas que nunca debió perder.

Promover la autonomía, fomentar hábitos saludables, impulsar la educación sanitaria y crear entornos que faciliten el bienestar son acciones tan valiosas como cualquier otro tratamiento.[2] 

Trabajar desde la prevención y la promoción de la salud significa mirar más allá de la consulta y entender que cada intervención puede tener un impacto a largo plazo si ayuda a las personas a tomar conciencia y responsabilidad sobre su cuerpo y su vida.

La salud es un esfuerzo colectivo, y solo desde la colaboración, el respeto mutuo y la comunicación efectiva podremos construir un sistema más humano, sostenible y centrado verdaderamente en las personas.

Ninguna transformación profesional puede consolidarse si no se siembra también en las aulas.

Por eso, un paso decisivo llegó en 2010, cuando en la Facultad de Fisioterapia de la Universitat de València se implantó por primera vez la asignatura de Fisioterapia en Atención Primaria y Comunitaria.

Aquel cambio fue una corrección estructural a uno de los grandes déficits de nuestro sistema: la falta de formación específica para trabajar en el ámbito comunitario.

Hasta entonces, muchos fisioterapeutas salíamos de la universidad con una sólida base técnica, pero con escasa preparación para intervenir en la comunidad o en el domicilio, donde realmente se construye la salud.

Formar profesionales capaces de mirar más allá de la camilla, de comprender el contexto de vida de las personas, de intervenir en prevención, promoción y educación para la salud, es el camino que debemos seguir.

Este cambio de mirada también debe reflejarse en las herramientas de gestión, como la Cartera de Servicios de APyC, la Estrategia de Salud Comunitaria del Ministerio, el Plan de Acción de ApyC, el V Plan de Salud de la Comunidad Valenciana.

Me gustaría compartir con humildad, pero con orgullo, que la elaboración de la Cartera de Servicios de Fisioterapia fue un encargo que se me confió desde la Consellería.

Tras redactar el primer borrador, tuve el honor de coordinar su revisión junto con un grupo de fisioterapeutas comprometidos y con la colaboración imprescindible del Ilustre Colegio Oficial de Fisioterapeutas de la Comunidad Valenciana.

Por primera vez, los fisioterapeutas participamos activamente en la definición de un documento estratégico que marca un antes y un después en la forma de entender nuestro papel en Atención Primaria.

Esta Cartera articula la fisioterapia no solo en torno a la atención individual, sino también en torno a programas de promoción de la salud, prevención de la enfermedad y acción comunitaria.

Fue una oportunidad para repensar nuestro lugar en el sistema y para demostrar que somos mucho más que un recurso asistencial: somos agentes de salud capaces de generar cambio, autonomía y bienestar en la población.

Durante demasiado tiempo, los fisioterapeutas de Atención Primaria hemos orbitado como satélites en torno a los servicios hospitalarios.

Ha llegado el momento de dejar de girar alrededor de ese modelo y ocupar el lugar que nos corresponde: el de profesionales de referencia en salud, movimiento y autonomía funcional.

La fisioterapia no es solo una herramienta de tratamiento, sino una disciplina de salud pública.

Y la salud, como proclamó Alma-Ata, no es solo un derecho, sino también una responsabilidad compartida.

Hoy, más que nunca, necesitamos una fisioterapia que mire a las personas en su contexto, que entienda la salud como una construcción colectiva, que acompañe, que active y que enseñe a mejorar la calidad de vida.

Si queremos alcanzar aquella promesa de 1978 —“Salud para todos”—, debemos hacerlo desde una fisioterapia más humana, más social y comunitaria.[3] 

Porque, al fin y al cabo, no se trata solo de curar, sino de ayudar a vivir mejor.

Y en este camino, la fisioterapia de Atención Primaria y Comunitaria tiene un papel protagonista que sin duda, desde esta Academia vamos a impulsar.Muchas gracias.


 [1]Aquí yo pondría “transdisciplinar”, que supone la integración profunda y creación de un nuevo conocimiento, transcendiendo los límites de cada disciplina, con colaboración incluso extra académica (por ejemplo, líderes comunitarios y políticos que intervengan en la elaboración de soluciones globales)

 [2]Solo es una sugerencia.  Fomentar hábitos saludables y educar son, en sí, una forma de tratar. Por eso te pongo que hacer esto es tan valioso como cualquier “otro” tto, pero valóralo tú.

 [3]Te lo he cambiado “más social y más comunitaria” es redundante.

 [4]Enhorabuena. Es un discurso preciso y precioso. Me tienes que decir dónde y a qué hora es, porque me encantaría escucharte. Dejas a la APyC donde corresponde: en un lugar privilegiado dentro de la Sanidad Pública. Gracias a ti.