ACADEMIA DE FISIOTERAPIA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA

ILMO.SR. DR.

Dr. José Ángel González Domínguez

Leídos el 6 de noviembre de 2025

VALENCIA

Ilustrísimos miembros de la Academia, autoridades, compañeros, amigos y familiares:

Permítanme comenzar justificando este discurso que es ante todo reivindicativo:

Siempre hay un motivo para todo, incluso para un discurso académico y fisioterápico, pero… ¿relacionado con el cine? ¡Pues sí! Lo hay, y permítanme explicarlo con un inicio algo cinematográfico:

«Había una vez un niño, que creció con una familia sanitaria en la bella y monumental Mérida, mas, apasionado por el cine y la literatura…

Ese niño descubrió el mundo leyendo y visionando filmes, en aquellos viejos cines “Ponce de León”, “Navia”, “Alcazaba” y “Trajano”, así como en las proyecciones de su Colegio Salesianos…

Y cómo no, aquel muchacho se empapó de cine gracias a los programas televisivos de los “José Luis”:  Balbín (LA CLAVE) y Garci (QUÉ GRANDE ES EL CINE), nuestro primer director ganador de un “Óscar”.

¿Quién no recuerda su primera película, e incluso aquel nostálgico lugar donde la visionó? Pues esa nostalgia me ha acompañado siempre, y quizás de ahí mi cuasi obsesión por reivindicarla…

¿Por qué el cine? Pues por múltiples razones, además de las personales ya mencionadas: porque el cine, así como la literatura, han sido para nuestra generación fundamentales en el aprendizaje y en el entretenimiento.

Porque el séptimo arte es eso, un fascinante poder que además de entretener y divulgar, instruye como una herramienta pedagógica impresionante… doy fe de ello con mi propia experiencia docente, gratificante cuando combino arte y ciencia, cine y fisioterapia, en mis clases universitarias.

Aun así, los docentes “cinematográficos” tenemos un serio problema, porque como dice el crítico de cine en Ábside Media, Juan Orellana, también docente, nuestros alumnos apenas ven cine, y no digamos consumir literatura… (como supondrán, a veces desespero si les pregunto en clase por títulos de la talla de Alatriste o Máster and Commander y obtengo por respuesta un aterrador silencio…)

Quizás la mejor explicación la resume nuestro nuevo Premio Princesa de Asturias, el incomparable Eduardo Mendoza en una reciente entrevista: “Antes bailábamos alrededor del fuego, ahora lo hacemos alrededor de Internet”.

Por tanto, y máxime en este mundo tan globalizado, debemos desde la docencia sanitaria evitar la excesiva mecanización (porque no somos solo técnicos) y potenciar la transversalidad (como bien decía mi compañera Noemí Valtueña en una reciente ceremonia de graduación), transversalidad enfatizada en el refuerzo de las humanidades, como recalca mi antigua rectora Rosa Visiedo, cine incluido.

Permítanme al respecto destacar dos joyas de hemeroteca que conectan cine y humanidades: la revista JANO (de la que me embebí muy joven) y una más reciente publicación de la Universidad de Salamanca: revista de medicina y cine.

Pero, centrándonos en la temática cinematográfica (ahora sí, preparen las palomitas que vienen las “pelis”), es harto sabido el papel de la temática médica y sanitaria en el séptimo arte, donde son legión las películas y series monográficas o protagonizadas por las ciencias de la salud, en especial medicina y enfermería, pero… ¿y la Fisioterapia? ¿Está suficientemente reflejada en la cinematografía? Pues juzguen ustedes, tras este somero repaso histórico…:

Si nos atenemos a la cronología del cine, la primera película con claros guiños a la Terapia Física sería la centenaria Charlot en el balneario, donde el gran Chaplin divierte al público de 1917 con una paródica amalgama de hidrología y terapia manual.

Pero si nos centramos en el devenir histórico, podemos hilar mejor esta peculiar revisión cinéfila sobre la evolución de las terapias físicas y nuestra profesión:

Pensando en los tiempos prehistóricos nos encontramos con la cinta estadounidense, relativamente reciente, Alpha, una preciosa historia ubicada en la última glaciación, cuyo protagonista nos brinda una breve pero intensa muestra de auto terapia tras un severo traumatismo…

Si pasamos a la Antigüedad Clásica, contamos con la ya gamberra comedia musical Golfus de Roma, donde podemos contemplar escenas de masoterapia tanto en las calles romanas como en sus termas.

En cuanto a la enorme etapa del Medievo, un fiel paradigma es la cinta El médico, adaptación del best seller homónimo de Noah Gordon, que ilustra la polifacética terapéutica del barbero y su ayudante que acaba descubriendo la medicina de Avicena.

El cambio científico que acontece con la llegada de la Historia Moderna está perfectamente reflejado en el galardonado filme Restauración, en cuya secuencia inicial su protagonista, el doctor Robert Marivel, médico del rey de Inglaterra Carlos II, interpretados por Robert Downey Jr. y Sam Neill respectivamente, enseña ejercicio terapéutico a un niño para recuperar su mano, en el Hospital Real de Londres.

Pero para cambios, los decimonónicos, que implican el despliegue general de la Fisioterapia en sus diferentes facetas, destacando la hidroterapia  y los grandes balnearios, plasmados fielmente en el melodrama italiano Ojos negros (con el genial Marcelo Mastroianni disfrutando como un niño) y en la estadounidense comedia El balneario de Battle Creek,  ya a inicios del S. XX, donde el extravagante Dr. Kellogs (¡sí, el de los cereales!), encarnado por el mismísimo Anthony Hopkins (el mítico Hannibal Lecter), nos deleita con las veleidades del ejercicio, la nutrición, la mecanoterapia y los pediluvios.

En pleno siglo XX será la política un gran empuje para la Fisioterapia, empezando por el presidente Roosevelt, cuya poliomielitis será tratada por la fisioterapeuta Helena Mahoney en el balneario Warm Springs, que da título al filme homónimo protagonizado nada menos que por Kathy Bates y Kenneth Branagh.

Paradigma similar fue el caso de JFK, cuyos terribles problemas de espalda abordaron los doctores Travell y Simons, pioneros en la terapia miofascial y con una vida de película.

Mediando el S. XX la Fisioterapia recae en las enfermeras principalmente, siendo un gran ejemplo la mítica Ventana indiscreta del maestro Alfred Hithcock, cuya gran actriz de reparto Thelma Ritter borda el papel con sus sesiones de masaje al inigualable James Stewart.

Será en los años ochenta y noventa cuando la Fisioterapia se popularice en muchos países, en consonancia con la primera película en que el “fisio” es coprotagonista: la emotiva A propósito de Henry, donde Harrison Ford es recuperado en varios sentidos por Bill Nunn.

En efecto, entre el final de la centuria y este nuevo siglo XXI, se hacen más habituales los papeles protagonistas de fisioterapeutas en diferentes estrenos de cine: Manuale d’amore 2, La madre de él o Jugada perfecta son algunos ejemplos recientes.

Aquí en España no será hasta 2005 cuando, y en una serie televisiva, el fisioterapeuta acapare por completo la pantalla, con Frágiles, protagonizada por Santi Millán.

Mención especial en tiempos recientes es el rol militar de nuestra profesión en países anglosajones, reflejado en escenas de rehabilitación de soldados amputados como en el emotivo musical británico Amanece en Edimburgo o la trepidante norteamericana Battleship.

Finalicemos con las entregas españolas: empezando, cómo no, por El Crack, del gran Garci, donde María Casanova es enfermera de rehabilitación y la pareja de Alfredo Landa. También es destacable la fisioterapia pediátrica y oncológica mostrada en Planta 4ª, del añorado Antonio Mercero.

Y en cuanto a nuestra “terreta”, destacamos sin duda en el género documental, como atestiguan tanto el cortometraje José Luis de nuestro pionero Manuel López Cuesta, premiado en el II Congreso Nacional de Fisioterapia, un hermoso relato de superación donde don Manuel describe con primor sus logros tratando al PCI que da nombre a esta original cinta en super-8.

Asimismo, sobresale la ingente labor documental de instituciones de la talla, cómo no, del ICOFCV, que en 2015 produjo el corto “Evolució de la Fisioteràpia a la Comunitat Valenciana”, y justo este año edita un precioso documental con motivo de nuestro 25 aniversario, titulado De un sueño a un colegio profesional consolidado.

Como última entrega, y recién salida del proyector, la simpática Intrusos, producida por UPSANA y coprotagonizada nada menos que por nuestro académico José Vicente Toledo… Un fenomenal alegato para todos los que constituimos el bendito y sufrido colectivo sanitario.

Así pues, concluyo con el poeta Luis Eduardo Aute, reivindicando una vez más su canción: “Cine, cine, cine, más cine por favor, que todo en la vida es cine, que todo en la vida es cine, y los sueños… cine son”.

¡HE DICHO!