ACADEMIA DE FISIOTERAPIA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA

Leídos el 29 de enero de 2026

VALENCIA

Respetadas autoridades, estimado público y querida Junta de la Academia:

Cuando recibí el encargo de preparar, una vez más, un discurso académico de contestación (donde al parecer encabezo el ranking de nuestra academia…), pude hacer de la necesidad virtud, pues la dicha es grande si se trata de ensalzar a un colega muy respetado y querido.

Tan respetado y querido como su insigne padre, nuestro añorado pionero de la Fisioterapia Manuel Granell Galarreta, quien fue la primera persona en ponerme tras la pista de Pablo, de quien me permito en estas líneas hacer gala de los momentos que hemos compartido con un mismo leitmotiv profesional: la pasión por la Fisioterapia.

Efectivamente, a comienzos del siglo, en mis numerosas conversaciones y entrevistas con don Manuel, tanto en el entonces Hospital Provincial de Castellón como en su excelsa clínica de Burriana, comprendí el maravilloso legado fisioterápico que significaban sus hijos, Pablo y Fernando, de quienes presumía, no exento de un justificadísimo orgullo paterno, sentenciando con su característica socarronería: “unos fenómenos, son unos fenómenos”. Lo eran, pese a su bisoñez hace más de dos décadas, cuando don Manuel me los presentó, y continúan siéndolo.

Volví a reunirme con ese trío de fenómenos (padre e hijos) cuando los hermanos Granell organizaron en 2014 un exitoso Primer Congreso Nacional de Salud y Deporte, teniendo el detalle de invitarme como moderador y así poder conocer a referentes de la Fisioterapia como el gran Carlos López Cubas, el creador de la EPI José Manuel Sánchez, la excelente divulgadora Bibiana Badenes o el añorado Pablo Martínez. En efecto, con ese Congreso los Granell trajeron a Castellón a los mejores profesionales del país en la materia, doy fe.

Pero hablemos de Pablo, cuya senda profesional no he parado desde entonces de seguir con gran deleite, máxime cuando buena parte de su palmarés se ha centrado en el avance de la Fisioterapia y el trabajo con grandes deportistas:

Ya hemos podido apreciar en su discurso de ingreso el cariño y sensibilidad de Pablo Granell hacia su familia y su profesión, un trascendental binomio vital que es para él inseparable. Pero permitan que culmine el mío alabando su excelente trayectoria con lo más destacado de su currículum formativo y su carrera profesional, esto es, los méritos que en resumen avalan su ingreso en la Academia:

Como de casta le viene al galgo, Pablo Granell Blanch optó por seguir la senda profesional de su padre (y con la aquiescencia de su madre…), diplomándose en Fisioterapia en tierras catalanas (inevitable ese vínculo de vecindad Castellón-Cataluña, ¿verdad?), concretamente en la Escuela Universitaria de Fisioterapia Blanquerna, donde ganaría grandes amigos como la vasca Leyre y el andorrano Xabi, diplomándose allá por 1997, es decir, a finales del pasado siglo (porque nuestro nuevo académico no es un bisoño…), mas,  para celebrar el nuevo milenio, decidió formarse como un poseso sanitario, sumando varios másteres en su haber durante la primera década de los 2000: primero en Osteopatía Estructural (UV), a continuación, en Bioética (UCV) y como no hay dos sin tres, remató con Fisioterapia de la Actividad Física y el Deporte (UCH).

Precisamente en dicho centro docente volví a encontrarme con Pablo cuando decidió realizar su doctorado en esa mi universidad, la CEU Cardenal Herrera, que culminó con una brillante tesis sobre la efectividad de la rehabilitación intensiva y multidisciplinar en deportistas de élite intervenidos del LCA mediante evaluación isocinética (el título de su tesis es más largo, pero es obvio que los isocinéticos le chiflan, casi tanto como su colección de meninas y los maravillosos dioramas que realiza con figuras playmobils… porque estamos en la tierra del arte y del juguete, no lo olviden, ¡Pablo, no pierdas ese niño-artista!).

Siguiendo con su formación, pude vivir muy de cerca el doctorado de Pablo Granell, más como espectador que partícipe, porque nuestro nuevo académico contaba con un inmejorable trío de ases en la dirección de su tesis: Pedro Rosado, Juanjo Amer y Vicent Benavent (por tanto, éxito garantizado).

Y desde entonces, 2017, no ha parado de investigar a fondo como fisioterapeuta, faceta que ha sabido compaginar con la docente como tutor de numerosas prácticas externas, e investigación en aspectos tan diversos como la biomecánica de la mano (reflejada en su elegante discurso) o su actual línea de trabajo sobre la detección precoz de osteoartritis femenina en colaboración con la UJI.

Pero todo ello no puede eclipsar su amplia y variada experiencia clínica, cercana ya a las tres décadas, desde sus inicios mutualistas (con Adeslas), hasta su extensa combinación de praxis pública (en el Consorcio Hospitalario Provincial de Castellón) y privada (en la Clínica Granell de Burriana), sin olvidar su continua dedicación a la fisioterapia deportiva tanto del baloncesto como del fútbol, siendo sus tempranos inicios en el equipo futbolístico de Castellón de la mano del gran preparador físico José Portolés (quien seguro que desde el cielo se recrea en el inolvidable verano nipón que pasaron juntos en Kobe)…

Ese vínculo con el fútbol y el baloncesto castellonense aún persiste en la actualidad, salpicado de numerosas anécdotas entre ambos hermanos, muchas veces “sentados” en banquillos de equipos opuestos, con sana rivalidad. Rivalidad disipada en el espacio mutuo que comparten tanto en su clínica de Castellón desde 2010, como en la flamante e inminente nueva clínica de Burriana que, ya les anuncio, inaugurarán esta primavera Dios mediante.

No puedo concluir este sucinto relato sin elogiar lo más significativo de mi apreciado Pablo Granell, más allá de los numerosos méritos enumerados, que se resume en su enorme humanidad y en su visión empática de la maravillosa vocación heredada de ese prohombre de la Fisioterapia que era su padre, quien inculcó a sus vástagos Pablo y Fernando el cariño y el valor de una empresa familiar, que ya es un referente en la provincia de Castellón desde la ciudad de Burriana (¡Burriana, París y Londres!, como bien dicen sus conciudadanos).

Permitan que me despida anecdóticamente, al señalar que con Pablo Granell perdemos quizás un buen golfista (o eso piensa él…), pero a buen seguro que hemos ganado tanto la sociedad como la Academia un fisioterapeuta colosal.

 ¡Ojalá proliferen más colegas de tu calidad humana!

He dicho.