ACADEMIA DE FISIOTERAPIA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA

Leídos el 21 de mayo de 2025

VALENCIA

Ilustrísimos miembros de la Academia, autoridades, compañeros y amigos:

No puede haber mayor honor, sin ambages, para un discípulo que presentar a su maestro ante una audiencia tan excelsa como la aquí presente, no tanto a modo de proclamación (porque él ha sido muy fallero), sino para ensalzar semejante figura con motivo de su ingreso formal en la Academia de Fisioterapia… recordemos que la primera y la única (por el momento) de toda España, institución de la que precisamente es él, el doctor Pedro Pablo Rosado Calatayud, su alma fundadora (con semejante carta de presentación podrían sobrar todos los elogios que a continuación expongo):

Empecemos por su trayectoria vital y profesional:

Pedro Rosado vino al mundo en las hermosas tierras toledanas, si bien pronto recaló en nuestra “terreta”, muy especialmente en la bella Valencia, donde ha ido calando tan hondo que creo merece ya tener calle propia… ¡méritos no le faltan! Créanme, no puede haber mejor “cicerone” valenciano pese a no haber nacido en la ciudad del Turia, cuyas históricas calles del centro correteaba hace ya muchas décadas.

Aquel inquieto adolescente de finales de los sesenta (yo aún gastaba pañales) se adentró muy pronto en el mundo laboral, y de manera abigarrada, de tal suerte que el discurrir de nuestro protagonista ha sido tan polímata como polifacético, iniciándose como aprendiz de farmacia, y a continuación mecanógrafo en la hemeroteca General de la Iglesia (entonces la única del mundo, sita en el Arzobispado de Valencia, y gracias a su hermano Luis, historiador como un servidor), oficios variopintos dado que aquel jovenzuelo no deseaba estudiar… ¡Qué vacua es la adolescencia! Pues pronto se decantó por estudiar Enfermería, durante cuyas prácticas descubrió el amor de su vida (con permiso de su mujer, sus hijas y nietas): la FISIOTERAPIA, disciplina con la que ha destacado, como bien sabemos, en prácticamente todas sus facetas: ha sido un pionero, un aglutinador de la profesión, clínico, docente, investigador, inventor, divulgador, escritor … PERO SOBRE SOBRE TODO UN COMPAÑERO. En fin, que a nuestro particular “Da Vinci de la Fisioterapia” solo le hubiese faltado pilotar aviones como nuestro académico Felipe Querol ¡qué grandes sois ambos!

Pero no contento con su inmensa formación de fisioterapeuta, Pedro Rosado culmina sus estudios como jurista (aquel adolescente díscolo que “odiaba” estudiar… ¡manda gónadas la cosa!): tres grados universitarios, máster, doctorado… y un sin fin de títulos propios.

Si nos centramos en su indiscutible legado para la Fisioterapia, debemos destacar su indeleble huella en diversas instituciones…

Empezando por los numerosos hospitales y complejos sanitarios que recorrió, desde el valenciano Hospital Peset (para los nostálgicos el antiguo General Sanjurjo), pasando por el Centro Nacional de Parapléjicos en Toledo (la patria chica siempre te llama, y más aún si te acompaña tu media naranja), su plaza en el Hospital Militar de Manises (tremendas anécdotas recabarían allí), el Arnau de Vilanova (su estancia más efímera) y finalmente en La Fe de Valencia, que siempre ha considerado como su “casa”, pues no en vano ha estado rodeado allí de portentos tales como sus queridísimos colegas Mª Victoria González, Manolo Valls, Felipe Querol o nuestro añorado Pepe Meliá.

Continuamos con su trayectoria corporativa, destacando como nexo de unión de este sufrido colectivo… Así, pronto cogería las riendas valencianas de la AEF, en las décadas de los ochenta y los noventa, presidiéndola en la provincia y llegando a ser su vicepresidente en la Comunidad Valenciana.

No es extraño por tanto entender que, en el cambio de milenio, fuese Cofundador, junto otros magníficos pioneros hoy presentes, del Ilustre Colegio Oficial de Fisioterapeutas, hace justo 25 años.

Y mayor protagonismo si cabe ha sido su papel como impulsor de los estudios de Fisioterapia en esta casa, la CEU Cardenal Herrera, junto a su actual vicerrector Javier Montañez (otro grande, aquí presente).

Y en el presente, viendo su incansable discurrir, pese a sus casi 72 años, miedo nos da a quienes le seguimos la pista pensar en nuestra futurible jubilación. Como muestra este enorme botón: una de sus últimas hazañas ha sido embarcarse en el admirable proyecto iniciado por otro gran profesional tan inquieto como Pedro, el incombustible Carlos Fornes… me refiero a la Asociación de Derecho Sanitario de la Comunidad Valenciana, cuya vicepresidencia recae (no nos sorprende, ¿verdad?) en el doctor Rosado.

Por semejante trayectoria expuesta, coincidirán conmigo en que este prohombre de la Sanidad, que justamente hace 50 años comenzaba a estudiar fisioterapia… se merece mucho más que nuestro reconocimiento, como por ejemplo la medalla de oro al mérito en el trabajo… (PAUSA) Pues esa puede ser nuestra “espinita clavada”, ya que desde numerosas instituciones (el ICOFCV, el CEU, LA ADSCV, hasta el Arzobispado de Valencia) promovimos que le fuera otorgada tan merecido galardón cuando Pedro ya había cumplido de sobras con los méritos requeridos… pero solo recibimos, estupefactos, el silencio de la ADMINISTRACIÓN… ¡la Administración Española…! (SILENCIO).

¿Pero saben qué? Que Pedro Rosado es en sí mismo una medalla de oro, ¡¡¡¡¡nuestro oro puro!!!!!!

Finalmente, permítanme concluir esta alabanza abordando el terreno personal, puesto que Pedro Rosado ha sido para mí, desde que lo conocí hará ya dos décadas, algo más que un compañero: un mentor, un referente, un hermano mayor (de hecho, coincide en edad y valores con mi hermana, otra gran sanitaria).

Este torbellino humano tiene la culpa de que yo me colegiase, me hiciera cargo de la revista oficial del Colegio de Fisioterapeutas, me embarcara en la aventura docente del CEU e infinidad de proyectos profesionales que culminan con esta Academia de las que nos sentimos muy, pero que muy orgullosos.

Y orgullo debes sentirte tú, Pedro, de la medalla que hoy recibes como alma de esta institución, fruto de tu trabajo incansable, tu falta de vanidad y tu generosidad infinita.

Por todo ello, Pedro, millones de gracias.

HE DICHO.